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DINÁMICAS ESCOLARES Y FAMILIARES EN PACIENTES NIÑOS Y ADOLESCENTES CON CUADROS PSIQUIATRICOS QUE PRESENTAN DIFICULTADES SEVERAS PARA SOSTENER LA ESCOLARIDAD

El paciente niño o adolescente que presenta sintomatología psiquiátrica o problemas socio emocionales significativos comienza a no poder responder a las expectativas del sistema escolar.

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“…El proceso de aceptar y asumir la realidad de tener un hijo portador de una patología psiquiátrica o un trastorno socio emocional severo, entendiendo esta situación como una inhabilidad transitoria o permanente de funcionar en un medio escolar exigente, representa una prueba a la capacidad adaptativa y flexibilidad de los padres. Se trata de un verdadero duelo a elaborar”.

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El paciente niño o adolescente que presenta sintomatología psiquiátrica o problemas socio emocionales significativos comienza a no poder responder a las expectativas del sistema escolar ya que su funcionamiento personal es incompatible con las demandas académicas, sociales o normativas. El deterioro del funcionamiento aparece producto de una severa interferencia emocional asociada a malestar afectivo o estrés, que puede ser agudo y reactivo o como producto del avance de una situación perjudicial para el desarrollo, que va llevando a una progresiva desorganización o deterioro del funcionamiento, en lo académico, en lo social, o en el funcionamiento ejecutivo.
Situaciones como el bullying soterrado y soportado por largo tiempo sin

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explicitarlo, dificultades de aprendizaje que dan pie a fracaso escolar recurrente y malas notas con independencia del esfuerzo realizado, relaciones formativas con profesores críticos, poco empáticos, dinámicas interpersonales de exclusión de grupos, cambios en la etapa adolescente en los que se rompen vínculos de amistad estrechos por diferencias en los ritmos de desarrollo o intereses, bajo estatus social dentro de los pares, quiebres familiares, contextos familiares demandantes, excesivamente críticos o donde existen competitividad entre hermanos por el éxito, entre otras muchas causas o procesos, afectan la estabilidad de los alumnos rompen los equilibrios previos que les permitían funcionar y adaptarse a las demandas del ambiente.

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section][et_pb_section bb_built=»1″ _builder_version=»3.0.47″ custom_padding=»0|0px|54px|0px» prev_background_color=»#000000″][et_pb_row custom_padding=»0|0px|27px|0px» _builder_version=»3.0.47″ background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat»][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text admin_label=»Las lógicas explicativas de profesores y apoderados» _builder_version=»3.9″ text_orientation=»justified» text_text_color=»#424242″]

Las lógicas explicativas de profesores y apoderados con respecto a los cambios o deterioros funcionales  y sociales que aquejan a estos alumnos se convierten en parte del problema. Hay profesores que definen la situación del alumno como manipulación o flojera invalidando la necesidad de éste, otros definen el problema como algo que con esfuerzo se puede resolver, lo cual pone al alumno en una lógica de “trata más”   (“si no lo has resuelto es porque no has hecho lo suficiente, trata más, todo depende de ti”), en la que siempre pierde, porque si trata más colapsa y si no trata más “no pone de su parte”. En otros casos desahucian tempranamente al alumno definiendo que el joven “no es para este colegio”.

En el paciente la irrupción de la patología va generando procesos de desorganización que pueden ser abruptos con la eclosión de un cuadro o conjunto de síntomas que lo interfieren significativamente, o darse de manera progresiva, en una trayectoria escolar marcada por dificultades académicas, psicológicas o sociales que se van acrecentando y complejizando. Esta dinámica se relaciona con la expresión del trastorno que padece el paciente en combinación con otros factores ambientales, en especial el tipo de respuesta del ambiente y la frecuente presencia de estrés escolar. Este estrés escolar se ve muchas veces potenciado por la incapacidad del sistema escolar para entender, acoger y contener la problemática de estos alumnos.  

La actitud que asuman los padres frente al problema del hijo puede ser un factor protector cuando se basa en la empatía y realismo, así como puede actuar como mantenedor o agravante del problema cuando es disfuncional.  El proceso de aceptar y asumir la realidad de tener un hijo portador de una patología psiquiátrica o un trastorno socio emocional severo, entendiendo esta situación como una inhabilidad transitoria o permanente de funcionar en un medio escolar exigente, representa una prueba a la capacidad adaptativa y flexibilidad de los padres. Se trata de un verdadero duelo a elaborar.

Cuando la actitud de los padres es disfuncional, o poco reflexiva, en su confusión y angustia,  pueden minimizar, negar o intentar normalizar la situación, buscando explicaciones en el contexto. Usualmente presionan al hijo para que logre ajustarse a estándares de exigencias o funcionamientos que está lejos de poder asumir dada la interferencia asociada al trastorno que cursa o a la problemática que vive. Con estas actitudes, van sacrificando el bienestar del hijo con dificultades de adaptación al medio escolar, al prolongar excesivamente la permanencia forzada de éste en un colegio o escuela que no puede sostenerlo, sometiéndolo una y otra vez a nuevos intentos de adaptación, con multiplicidad de profesores auxiliares, clases complementarias, junto con las intervenciones terapéuticas:  psicoterapias, terapias de grupo, psicopedagogía en un esfuerzo ciego por sujetar al hijo en el sistema, que termina dañando los vínculos parento-filiales y acrecentando el sentido de daño, inadecuación y fracaso del hijo, ya que esfuerzos no responden a sus verdaderas necesidades.

[/et_pb_text][et_pb_text admin_label=»Muchas veces» _builder_version=»3.9″ text_orientation=»justified» background_layout=»light»]

Muchas veces (…los padres) tienden a exteriorizar su frustración acusando al colegio de no ayudar o no saber tratar al alumno.

 

[/et_pb_text][et_pb_text admin_label=»El duelo mencionado también se expresa en una dificultad» _builder_version=»3.9″ text_orientation=»justified» text_text_color=»#424242″]

El duelo mencionado  también se expresa en una dificultad importante para aceptar el diagnóstico,  una vez que han consultado a profesionales de salud mental. Se puede observar una tendencia externalizar la responsabilidad de la causa del problema.  Generalmente las atribuciones causales son puestas en el colegio o escuela, juzgando mal manejo incapacidad del equipo docente o técnico del colegio con relación a las decisiones tomadas o suponen incomprensión de las autoridades escolares. También suelen realizar atribuciones de incompetencia al equipo tratante, como por ejemplo definir que no han logrado modificaciones y mejorías, juicio o atribuciones realizadas  en base a expectativas poco realistas con respecto a las posibilidades de funcionamiento del hijo dada la gravedad del cuadro clínico y sus características. La minimización del alcance de la patología y su impacto en el desarrollo socio emocional y académico, los lleva a esperar demasiado del ambiente, sin poder tomar conciencia de la urgencia de atender a las reales necesidades del hijo. Hay padres que exigen a las escuelas o  colegios medidas que están fuera de las competencias o alcances de la intervención escolar, forzando situaciones que resultan incompatibles para un colegio que trabaja en educación general. Muchas veces tienden a exteriorizar su frustración acusando al colegio de no ayudar o no saber tratar al alumno. Todo esto parece ser la expresión de una dificultad para hacerse cargo de la situación, asumir la realidad dolorosa y compleja y hacerse cargo también del impacto de la patología en la ambiente. 

[/et_pb_text][et_pb_text admin_label=»Conclusión» _builder_version=»3.9″ text_orientation=»justified» text_text_color=»#424242″]

Conclusión

Los trastornos psiquiátricos en niños y jóvenes requieren de sus familia y de las instituciones educativas un abordaje que responda a sus necesidades y les de la contención necesaria para procesar sus angustias y dificultades, de manera darle continuidad a su escolaridad incluyendo su problemática.

Es común, que enfrentados a severas dificultades del estudiante y a la posibilidad de interrupción de la escolaridad, las familias -en conjunto con el colegio- busquen maneras de evitar el quiebre de la vida escolar, a través de soluciones parciales que no resuelven el problema, tratando de mantener una “normalidad” forzada.  

Estas soluciones en muchos casos se alejan de las estrategias terapéuticas necesarias o efectivas, con la consecuente agudización del trastorno, ya que el cuadro que el estudiante padece requiere contextos y adaptaciones específicas que están fuera del alcance de una institución educativa. Después de que se han intentado innumerables soluciones que resultan fallidas, llegar a la conclusión de que no puede seguirse intentando una solución dentro del sistema escolar regular solo ocurre fruto de un proceso de elaboración de un duelo, en el que se ponen al centro las necesidades del alumno por sobre la imágenes idealizadas de los hijos o los sueños asociados a éstos.

En estos casos resulta terapéutico para el estudiante salir del sistema formal hacia un modelo de escolaridad centrado en sus necesidades y con una orientación psico- pedagógica.

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Ricardo Musalem
Psicólogo y director del Centro de Aprendizaje Cooperativo

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