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EDUCAR Y VALIDAR: CÓMO GENERAR DIÁLOGO SIN HERIR A LOS HIJOS.

EDUCAR Y VALIDAR: CÓMO GENERAR DIÁLOGO SIN HERIR A LOS HIJOS.
Ricardo Musalem Bendek

Naomi Feld, psicóloga y trabajadora social norteamericana, desarrolló la teoría de la validación. Ella postula que cuando los sentimientos que generan angustia, rabia o dolor son ignorados, rechazados o suprimidos, en vez de aliviarse, ocurre al revés, se fortalecen (1). Por el contrario, si son escuchados y validados con empatía, se reduce su intensidad, disminuyendo la rabia y la angustia involucrada. Esto permite que se restituya la dignidad de la persona, que se ha sentido vulnerable, generándose confianza en la relación (1). Este modelo, que se desarrolló para relacionarse con personas ancianas, es especialmente aplicable a las relaciones entre padres e hijos.

Para Naomi Feld, las personas movilizan sus comportamientos o emociones en función de responder a necesidades o aspectos de sí mismos y de sus vidas que necesitan resolver. Entre estas necesidades se cuenta estar en control, sentirse tranquilos y seguros, recibir reconocimiento, tener estatus y un sentido de dignidad o respeto por sí mismos. También buscan sentirse competentes y tener logros, expresar sentimientos y ser escuchados y respetados en ellos. Por supuesto, ser amados y pertenecer: es decir, la necesidad de contacto humano. También vivir experiencias sensorialmente estimulantes tales como la música, los colores, los sabores, el movimiento. Satisfacer la curiosidad y el deseo de conocer, reducir el dolor y la incomodidad. Todo lo que hagan, digan o demuestren las personas, será una manera de responder a estas necesidades. Llevado al plano de las relaciones parento-filiales, por lo tanto, se puede concluir que cualquier comportamiento o sentimiento de un hijo habrá estado animado por alguna de estas razones o motivos válidos que todos compartimos. El problema aparece cuando la necesidad se satisface de una manera inapropiada, es decir, que entra en conflicto con las necesidades de los demás o con otros objetivos personales.

Otra promotora de la validación ha sido Marsha Linehan, creadora de la terapia conductual dialéctica (D.B.T). Define validación como una forma de aceptación del otro, que le trasmite que sus expresiones, con independencia de si estamos o no de acuerdo con ellas, tienen un sentido y motivo digno de atención y respeto, considerando sus necesidades en juego y el contexto de sus expresiones, lo cual interesa explorar para poder acompañarlo en su experiencia (2).

La validación supone tener apertura a los sentimientos de los hijos, y mediante el diálogo empático que toma la perspectiva de la otra persona y la respeta, lograr compartirlos y favorecer que sean expresados y comunicados. Validar supone como primera prioridad escuchar a la persona y asegurar su identidad sin juzgarla, para luego explorar en conjunto la razón de su emoción, pensamientos o conducta, intentando conectarse con sus necesidades.

El papel de los padres es acompañar el crecimiento y validar al hijo en su persona para que se sienta digno de amor y respeto. Validar significa mirar más allá de la conducta, buscando la necesidad que subyace y a la persona que cada uno quiere ser. Entender que cada persona se mueve por razones importantes permite separar la conducta de la persona y disminuir los juicios. De esta manera se puede uno vincular con los aspectos más profundos de la otra persona, sus verdaderos motivos siendo posible escuchar, aceptar y dialogar sin herir a pesar de moverse en un entorno de conflicto o emociones intensas.

El amor y la validación se expresan en la apertura al hijo no solo cuando pide ayuda y está mostrando su vulnerabilidad sino que en especial cuando exige, critica, es indiferente o fastidia. Es ver el dolor detrás del desprecio o del deseo de ofender, cuando el hijo está en conflicto con sus padres o consigo mismo. Tiene que ver con poder actuar con compasión en medio de la ira, la oposición o el rechazo que enfrentan. Algo en el hijo estará esperando que los padres no desesperen, no se distancien. Se trata de educar sin herir, lo que tiene que ver con estar consciente de que uno puede más, ve más, puede resistir, esperar o comprender más que su hijo y por eso actúa con la comprensión derivada del adagio chino “las nubes pasan, la montaña permanece” para mantenerse estable. En situaciones de intensidad emocional, educar validando es dejar de lado el orgullo y aceptar sentarse temporalmente en la “silla mala”, en el “peor lugar” mirando siempre el dolor del otro, buscando su espina. Frente a una actitud de descontrol o rechazo del hijo es estar consciente de que se debe mirar lo que dicen sus ojos y no sus actitudes y palabras. Cada negativa a ayudar, actitud de aislamiento o desafío que parece comunicar que para ellos los padres no valen y que pareciera que no son un referente significativo, chocará con la conciencia de los padres de ser la roca que contiene las olas de un mar turbulento, asegurándole al hijo un puerto seguro del que se podrá afirmar porque no habrá ola que lo arrastre. Educar sin validando y sin herir es contener el deseo de ser amado y admirado, es entender que no es el trabajo del hijo llenar la autoestima de los padres, hacerlos sentirse importantes o someterse a ellos, ni tampoco el trabajo de los padres es que el hijo los tenga como modelo ideal. Es más bien estar ahí, estar presente, poder guardar silencio, tolerar recibir los “cardos” que ponen en sus manos para disponerse a sacar una a una las espinas de las manos del hijo. Es poder decirse tranquilo, “esto también pasará”.

Como contrario a la validación, Marsha Linehan definió lo que ella llamó un “entorno invalidante”, aquél que niega o responde de manera inadecuada a la experiencia de la persona, al considerar como poco válidas o poco significativas las emociones o reacciones del hijo, lo cual los deja sin contención, ni posibilidades de integrar su experiencia, perturbando su estabilidad emocional y la cohesión de su personalidad en cuanto a lograr congruencia entre pensamientos, necesidades, conductas y emociones. La invalidación es responder frente a la emoción o pensamiento de un hijo, quitándole legitimidad, como si sus expresiones y experiencias no fueran dignas de atención y respeto, mandándole el mensaje que mejor no las tuviera, no los expresara o se callase. Si el hijo cumple la expectativa de los padres o la familia en cuanto a suprimir o inhibir estos aspectos de su experiencia, podrá aliviar la tensión temporalmente, pero no desarrollará un diálogo emocional genuino ni abrirá opciones para resolver conflictos. No desarrollará, en ninguno de ellos habilidades para resolver problemas, comprenderse a uno mismo o manejar la ansiedad (3).

Por consiguiente, la invalidación es una respuesta que juzga, rechaza o descalifica creencias y significados emocionales de la otra persona. El entorno invalidante le dice al otro de distintas maneras “no puedes ser así”. Los padres le dicen o dan a entender al hijo, de una manera que hiere su identidad o autoestima, que sus emociones, sus respuestas o su actitud no son correctas y que deben ser de otra manera, como primera condición que deben aceptar, antes de seguir comunicándose con él. Esto deja a la persona invalidada en una posición “imposible”, demandado a suprimir aquello que lo mueve, lo angustia, o conflictúa, para ser aceptado por el otro.

Muchas veces los mensajes invalidantes tienen un sentido protector por parte de los padres, al querer apartar de la vida del hijo aspectos que piensan que no le harán bien, lo hará sufrir o que representan debilidades que debe superar. Los mensajes invalidantes van cargados de exigencia, condicionalidad de la aceptación o directamente rechazo. Mensajes tales como “pareces una guagua”; “¿Por qué no lo haces como tu hermano que es estudioso, paciente, ordenado?”;“ Los niños no lloran”; “Tu problema es que eres flojo”; “No haces nada bien”; “Eres demasiado sensible”; “Nunca estás contento con nada”; “Cállate, no seas tonto”; “Ya la embarraste otra vez” “Deja de molestar”; “Pasas puro quejándote”; “Comes como un chancho”, “Eres un desobediente” “Lo único que te interesa es ver pantallas”, “Cómo puedes ser tan egocéntrico”; “Acaso crees que soy tu empleado”; “Puedes tener un poquitito de consideración”; “Cómo pretendes llegar a la universidad si ni siquiera eres capaz de ordenar tu pieza”. Los mensajes invalidantes hieren a los hijos, los dejan menoscabados en su sentido de dignidad o capacidad personal, generando resentimiento o auto-invalidación.

De cualquier manera, la invalidación significa no estar al lado del otro, sino en la vereda opuesta y desde arriba. En la invalidación hay un juego de poder, de ponerse por encima del otro, de instalarse en una posición autoritaria de dominio-sumisión. El otro no es “un querido hijo a quien se desea cuidar en sus sentimientos y autoimagen”, sino momentáneamente un ser que me frustra, un desubicado, una amenaza a mis intereses, a mi tranquilidad o a mis proyectos.

La sobre simplificación de la realidad emocional de los hijos, los esquemas rígidos acerca del deber ser o “mandatos” en las relaciones entre padres e hijos, favorecen interacciones de invalidación. A su vez, la estrechez en la aceptación del otro tal como es y la búsqueda coercitiva para influir en el otro en términos de ajustarlo a las expectativas de cómo debería ser y actuar, generan interacciones cargadas de criticismo, juicios de valor negativo que tensionan la relación y levantan defensas haciendo escalar el conflicto al tiempo que se daña el vínculo, frustra los deseos de amar y ser amados de padres e hijos. La invalidación, si es repetida, disminuye el valor de la otra persona, le resta seguridad, mina la confianza en su identidad como alguien digno de respeto, de amor y valoración, generando heridas emocionales que pueden permanecer a lo largo de la vida. Estas experiencias marcan la identidad con un sentido de daño e inadecuación, pudiendo ser precursores de estados depresivos o angustiosos.

¿Cómo hacer entonces, para educar y dialogar con los hijos sin herirlos, pero al mismo tiempo cumplir con el rol parental?Presentamos dos herramientas que favorecen el diálogo emocional constructivo y la validación.

2.- EVALUÁNDOLOS EN VALIDACIÓN:
Traducción y adaptación del cuestionario. ¿How argumentative are you as a parent? de Michael Nichols. (5)

¿Aplican para ti estas descripciones?:

Cuando argumentas con tu hijo. ¿Eres cuidadoso de evitar traer a colación problemas que ocurrieron en el pasado?.
Cuando tu hijo asume una actitud difícil, ¿Usas la crítica para intentar neutralizar su actitud?.
Cuando tu hijo te critica por algo, ¿Eres cuidadoso de circunscribir tus comentarios al asunto que se discute y no otro?
¿Reconoces cuando tu hijo se siente atacado o amenazado, y en ese momento dejas de argumentar?.
Cuando tu hijo argumenta, ¿Te detienes a escucharlo antes de cuestionarlo o refutar su posición?
¿Reconoces explícitamente el punto de vista de tu hijo antes de contradecir su posición?
¿Reconoces la legitimidad de los deseos de tu hijo incluso si no estás de acuerdo con lo que quiere?
Cuando tu hijo cuenta algo ¿Te muestras interesado haciéndole preguntas antes de tratar de aseverar qué está tratando de decir el niño?.
Los miembros de la familia ¿Se han quejado de que te quedas pegado en los temas?
Cuando haces una crítica a tu hijo, ¿Insistes hasta que reconozca que tienes razón?
Cuando argumentas con tu hijo ¿Haces un esfuerzo sincero por comprender lo que está diciendo en vez de sólo esperar que termine para responder?
Después de que argumentas con tu hijo, ¿Insistes en explicar tu posición en vez de reconocer o atender a la posición de tu hijo?

BIBLIOGRAFIA:

Feld, Naomi. https://vfvalidation.org/
Linehan, M. M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York: The Guilford Press.
Spradlin, Scott E. (2013). Don´t let your emotions run your life. New Harbinger publications, Inc.
Bloomquist, Michael. Phd. (2013). Skills training for struggling kids. The Guilford Press. (pág.257) , Family communication skills.
Nichols, Michael. (2004). Stop arguing with your kids. The Guilford press. (pág. 151) ¿How argumentative are you as a parent?